T4: Los sistemas CTS y las patentes. Reflexiones desde la economía

 Sistemas CTS y patentes: una perspectiva económica

Sistemas CTS 

Trabajar desde la historia y la economía da una mejor perspectiva para entender los sistemas Ciencia, Tecnología y Sociedad. Por un lado, como historiador, no puedo ignorar el hecho de que las disciplinas humanísticas están visiblemente marginadas en todos estos índices. El foco está en las STEM, y las últimas en importancia son las humanidades porque "no producen". Como aprendiz de economista, puedo entender que las empresas y los organismos públicos prioricen la rentabilidad de la inversión en I+D+i a la hora de asignar los presupuestos. Más, si cabe, en una sociedad totalmente regida por la lógica de la productividad y el utilitarismo más evidente.
 
La historia económica está en un punto intermedio entre estas dos perspectivas. Está lo suficientemente alejada de las humanidades clásicas como para que sus reflexiones sean distintas, y lo suficientemente cerca de la economía como para regirse, en algunas ocasiones, por lógicas utilitarias. Bien encauzada, la historia económica nos permite explicar fenómenos geopolíticos actuales que, en esencia, nos explican la política internacional. ¿Es casualidad que las marinas alemana, británica y americana hayan competido durante los primeros cincuenta años del siglo XX por el control del Atlántico Norte? No, es que, en su cénit, más de dos tercios de la economía mundial circulaban por esas aguas. 
 
A mi disciplina le pasa parecido a lo que ocurre con las humanidades: el retorno es más difícil de ver en términos utilitarios. No producimos "cosas". La historia económica no se traduce en la creación de un gen o un genoma que permita prevenir patologías, no implica la creación de una cura para algún tipo determinado de cáncer (si bien sí que puede evaluar el historial de efectividad de políticas de prevención sanitaria, que es un caso real que conozco). La economía, como disciplina, es analítica. Si lo que se buscase es su aplicabilidad en el mundo real, para eso se encarga la empresa y los estudios de administración de empresas. 
 
El retorno de la historia económica, y de la economía en perspectiva histórica, está en ampliar el conocimiento de una persona. Si sabemos de dónde venimos, podemos entender hacia dónde vamos. Aunque existe la aleatoriedad y la espontaneidad en nuestras sociedades, rara es la vez que las decisiones tomadas en el pasado no condicionan nuestro futuro. En economía hay distintos términos utilizados: costes de oportunidadcostes de transacciónpercepción del riesgo, preferencia por la liquidez... todos ellos pueden explicarse para el presente (¿por qué llevamos casi siete años con unas subidas más o menos constantes de los activos financieros del oro, especialmente tras la pandemia?) o para el pasado (¿Por qué se decidió separar la economía mundial del patrón oro?). Estos ejemplos sirven para ilustrar una verdad comúnmente asumida en economía: cuanta más información disponga un agente, mejores decisiones tomará. El valor de la investigación en economía está en proveer al agente (sea Estado, una empresa o un particular) de la mejor información posible para afrontar las ineludibles decisiones de carácter económico de su vida
 

 Patentes

Este apartado va a ser mucho menos objetivo que cualquiera de las anteriores entradas (considérese que ninguna de las entradas pretende serlo, pero esta es la que menos lo pretende). La razón es que estoy radicalmente en contra de las patentes. De cualquier tipo. Nuevamente, como historiador económico tengo el privilegio de poder analizarlo desde el punto de vista histórico y económico.  
 
Desde el punto de vista de un historiador, las patentes son una quimera. No se pueden patentar ideas, y la historia es una disciplina esencialmente teórica. Se trabajan conceptos, ideas, esquemas mentales, modelos de análisis... pero difícilmente alguno de ellos computaría como algo patentable. Es una realidad que queda muy lejana para cualquiera que trabaje desde el ámbito humanístico. Desde el punto de vista económico, las patentes actúan como un mecanismo de extracción de renta. Funcionan, a grandes rasgos, como el alquiler: no producen nada per se, simplemente le generan al inventor ingresos pasivos. ¿Es esto bueno o malo? Depende del criterio personal, y yo ya he dejado el mío claro. En perspectiva económica, es difícil considerar seriamente a las patentes como un mecanismo que incentive la innovación per se. En el momento en que un individuo o una empresa disponga del monopolio de un bien, un servicio o un software, su prioridad rara vez será la continua innovación y será más el mantenimiento de las condiciones de monopolio. En un mercado, es la libre competencia la manera en que se fomenta la innovación. 
 
Si uno analiza quienes son los principales productores de patentes a nivel mundial (la RPC, los EEUU, Japón...), se dará cuenta de que son potencias industriales con gran capacidad de influencia y soft power tecnológico proyectan el mantenimiento de sus estructuras geopolíticas incluso a través del mercado de patentes. Si en la realidad rara vez una patente sirve ya para innovar y adentrarse en el mercado (información desigual, influencia desigual, gran control del mercado internacional por grandes conglomerados de pocas empresas...), menos aún lo hará si la competencia entre distintos agentes afronta grandes desigualdades. 
 
Las humanidades y las ciencias sociales rara vez producen "cosas patentables". ¿Por qué? Porque el sistema de patentes no pertenece a estas áreas del saber, sino a una esfera donde abunda la competencia con grandes flujos de rentabilidad y la especulación como mecanismos para coartar la competencia de mercado a favor de la propia empresa patentadora. Ojo, esto no es un alegato contra las empresas. Cada agente comercial busca favorecer sus propios intereses y es totalmente legítimo, pero la capacidad de unos u otros es desigual, y las consecuencias que se sufren también lo son. La existencia de patentes, en esencia, es un desincentivo para los consumidores del mundo académico, es decir, todos y cada uno de nosotros. 

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