T2: El "Tesoro de Indias" y nuevos paradigmas en torno al concepto de "riqueza"

 Paradigmas en torno al aprovechamiento económico de la América española

La construcción de nuevos paradigmas de Kuhn tiene mucho que ver con el origen del estudio de la América española. La historia económica, como disciplina, ha encontrado uno de sus principales paradigmas en torno al estudio del llamado "Tesoro de Indias". Este término, que entrecomillo deliberadamente porque es un término polémico, ha generado mares de tinta entre los académicos americanistas. La razón no es otra que determinar cuantitativamente qué efectos tuvo la conquista española de América para la economía peninsular y, en menor medida, para la economía europea. 
 
Mi propuesta de ejemplo de paradigma tiene que ver con cómo ha evolucionado el estudio de las consecuencias económicas que se derivaron de la conquista de América hacia un modelo mucho más complejo donde la concepción de "riqueza" ha sufrido una transformación. 
 
Este estudio comenzó en los años treinta, de la mano del historiador económico estadounidense Earl J. Hamilton. No es extraño, tampoco, si se recuerda que es en estos años en los que la disciplina va tomando forma gracias a los primeros cálculos del PIB (Estados Unidos 1933). Esta complicada operación permitió poner negro sobre blanco que era posible hacer cálculos aproximados de las economías preindustriales siempre que se conociera la masa monetaria aproximadamente. El americano fue el primero de los historiadores que trataron de responder a una de las grandes preguntas de esta disciplina: ¿cuánta riqueza se extrajo y aprovechó gracias a América? Para ello, el historiador americano elaboró un estudio cuantitativo sobre metales preciosos, principalmente oro y plata. Su objetivo era cuantificar cuántas toneladas de oro y plata se habían extraído a lo largo de los siglos de control español. Su estudio arrojó una estimación de que España "se había llevado" unas 200 toneladas de oro y aproximadamente unas 19.000 toneladas de plata. 
 
Hasta aquí, estamos ante la primera y segunda etapa de la revolución de paradigmas de Kuhn. Este modelo tuvo bastante buena acogida como forma de calcular económicamente el impacto español en América durante los siguientes cuarenta años. No se cuestionaba su enfoque esencialmente "metálico", sino que se complementaba con otros cálculos de índole más local. Ahora bien, cualquiera lo suficientemente sagaz habrá podido darse cuenta de que el cálculo es, cuanto menos, peculiar. Contabilizar como "riqueza" únicamente el oro y plata extraídos y registrados en la Casa de Contratación. Es decir, Hamilton solo contó aquello que llegaba a las manos de la administración de la Monarquía Hispánica. No contaba el contrabando, ni tenía en cuenta el impacto de los circuitos económicos endémicos que generó la reorganización territorial española al asentarse como potencia colonial del continente. Esta es una de las anomalías que ya se presentaron en los años ochenta. 
 
La segunda de las anomalías tiene que ver más con el enfoque. Este enfoque de Hamilton era marcadamente mercantilista. Dado que su estudio se había centrado en la revolución de precios de los siglos XVI y XVII (aumento general de los precios de los bienes a raíz de la extracción de oro y plata en América), su enfoque respondía también a la lógica mercantilista del momento. 
 
Pero ¿y nosotros, como historiadores y economistas? Hoy en día, este tipo de paradigma está obsoleto. El concepto de "riqueza" es más que el metal. En los años ochenta y noventa, estas anomalías del "paradigma 1" empiezan a ser palpables en las críticas al "modelo metálico". Oro y plata son bienes valiosos y vistosos, que en origen tenía sentido calcular porque se acaba de abrir el nicho de la historia económica moderna. En realidad, ese tipo de estudios solo medían la liquidez del estado hispánico, no su capacidad productiva, ni su sostenibilidad a largo plazo. 
 
Es más fácil encontrar el problema de ese concepto de riqueza si se traslada a la actualidad. Cuando uno tiene en cuenta su riqueza personal, no tiene en cuenta únicamente el dinero que tenga en la mano (más, si cabe, cuando hoy en día la mayor parte del dinero que manejamos circula digitalmente). La riqueza son también pasivos: inversiones en bolsa, fondos de pensiones, letras del tesoro, etc. Es el dinero acumulado en el banco, pero no lo único. La casa que uno tenga en propiedad, un vehículo... son también bienes que permiten cuantificar la riqueza personal de un individuo. En este caso, ocurre lo mismo para este debate. ¿La madera con la que se construyeron las flotas de Indias y el poderío militar naval español de aquellos siglos no era riqueza? ¿Los circuitos económicos virreinales construidos no eran riqueza? ¿Las estructuras demográficas que surgieron para aprovechar los recursos naturales de América no eran riqueza? ¿El comercio de bienes y servicios generado a nivel local, regional e internacional no es riqueza? Son, desde luego, formas de medir la riqueza mucho más complejas, pero que han evidenciado un problema de ese primer paradigma: la priorización de "lo vistoso" sobre "lo impactante". 
 
Es difícil cuantificarlo, pero se puede suponer que la extracción de madera, cacao, especias y tintes ha tenido un impacto económico más fuerte y duradero para las economías europeas de lo que pueden haber tenido directamente el oro y la plata. Las anomalías que genera este nuevo paradigma "holístico" es que, naturalmente, no puede ser analizado desde una única mirada. 

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